En días como este es cuando me doy cuenta de cuan fascinantes son algunos seres de este planeta. En que tal vez no estoy tan sola, y que tal vez yo no sea como todos piensan que debo ser. Pero al final del día, eso está bien para mi. Yo no soy como tú crees, yo no pienso como tú. Y no estoy equivocada o negada con respecto a tu opinión, que va. Es sólo que yo tengo mi propia forma de ver el mundo. La forma propia de ver belleza en seres de luz. Tengo mi propia fe, la que deposito en mi. Mis creencias que dicen que todo ser viviente es armonía. Que la Tierra es mi hogar, que soy dichosa de vivir en ella. Danzar en sus desiertos, rodar por sus montes y sumergirme en sus océanos. Es dicha, es hermosura, es brillo. Y sonrío pensando en ello. Y sonrío con más ganas cuando pienso en los seres de luz que amo, y que disfrutan de tal regalo conmigo. ¿Recuerdas cuando eras pequeño?, ¿cuando reías y al momento llorabas, y luego reías de nuevo?. Porque es que esa es la clave, hay que ser como un niño. Un niño adulto, por así decirlo. No podemos irnos por la vida arrastrando nuestra mamadera, o haciendo berrinches, no. Sólo basta con vivir cada sentimiento en su más puro sentido. Con su hermosura, sabiduría, en su más virginal escencia. Amar sin límites. Expandir.
Me siento llena por dentro. Todas mis raíces desprenden luz maravillosa. Me llenan, me acarician, me enloquecen de amor y de entusiasmo. Una paz absoluta. Y no existe el miedo. Ni recovecos ni escondites. Tampoco el odio, la envidia o el rencor. Sólo blanco. Sólo luz que se expande hasta la más pequeña de mis pestañas. Hasta el más largo de mis órganos. Nace no en el corazón, no en un pulmón. Sólo desde el centro, sin lugar definido. Tronco. Y los racimos de brillante esplandor van naciendo. Se hacen un poquito más grandes. Luego de sí mismos desprenden miles de millones de demás lazos que se expanden y crecen y crean un remolino de luz en toda cavidad oscura que encuentren.
No sé qué pasó el martes pasado, se me olvidó. Tampoco sé qué será de mañana, si estaré sana. Poco me importa, porque ahora. Ahora es lo que vale.
Me enseñas a soñar sin límites. A expresarme de igual manera. A expandir mi imaginación hasta lugares inalcanzables. A tocar con la punta de los dedos las estrellas.
Tengo sueño. Perdonar el tan hueco escrito de ahí arriba.