28 mayo, 2020
Un pajarito
Había decidido dejar de regar, por lo que entré a casa y empecé a lavar los platos de la cena; por la ventana aún podía ver merodear al chiquillo de al lado. No pasaría los 7 años de edad, y se le veía muy tranquilo y callado caminando por su jardín viendo las plantas. Analizaba la tierra muy atentamente en busca de insectos y acariciaba las hojas de las hortensias en busca de mariposas. Era muy curioso el hecho de que rara vez lo viera expresar emociones desbordantes, como lo haría algún chiquillo normal de esa edad. Cuando el verano pasó, dándole paso al otoño y sus aires fríos, es que logré divisar por la ventana como un pequeño bulto descansaba en el pozo del jardín de atrás. Se trataba de un pequeño pajarito que habría caído por un ala rota y que parecía sufrir en agonía. A su lado, un poco lejos, pude ver como el chico de 7 años se econcontraba ahí parado, estático, mirando, como si en su pequeño cerebro analizara el cómo proceder ante la escena chocante. Tristemente, la brisa fresca de la tarde amenazaba con quitarle la vida a aquel ave de a poco; carente de calor se le veía incapaz de levantarse, y al ser este tan pequeño, no sobreviviría la noche. El chico, al cual desestimé por completo, decidió tomar acción ante la triste situación agarrando una piedra. Miró al ave. Finalmente se la lanzó. Para ser realmente sincera, no se me ocurren las razones de su actuar, teniendo en cosideración su tan corta edad. ¿Se habrá dado cuenta de la situación de sufrimiento en la que se encontraba el animal?, ¿habrá optado por quitarle la vida para terminar con su penosa agonía? Quería pensar que estas teorías eran ciertas, pero la razón me decía que aquel era un niño demasiado joven para pensar en esas situaciones tan opuestas: las consecuencias del obrar bien y mal; el juego entre la vida y la muerte.