19 mayo, 2019
Ojos pardos
El café sigue caliente en la mesa de desayunar. Recién comienza el día y él tiene mil preguntas en la cabeza; mil preguntas que contesta con mil respuestas diferentes y escenarios ficticios que a veces no es capaz de controlar. ¡Qué va! Nunca los puede controlar. Se arremolinan en su pesamiento. Primero uno, luego el otro que se le superpone, después otro que pasa por debajo y otro más que se entrelaza con una habilidad desmesurada. Uno más que siempre está en el recoveco de su mente y otro que aparece cuando nadie le llama. Tantos, tantos, piensa, piensa y deja de pensar. ¡Deja de pensar de una vez! ¿Cuál pensamiento elegir?, ¿cuál dejar de lado? Pensar en vano, pues esas mismas preguntas originan otras luego; y respuestas se van acumulando. Cómo parar aquel torbellino, cómo domarlo. Tener una sonrisa recta se ha convertido en algo habitual, como ponerse los pantalones por las mañanas o servirse el té de la tarde. ¿Comiste?, ¿qué comiste?, ¿qué haces?, ¿qué habitúas? Está roto, pero vamos, quién no lo está. Está roto, pero su herida es más oscura y más complicada de sanar. ¿Alimenté al perro?, ¿cuál era su nombre?, ¿cuándo estaba de cumpleaños? Encender el interruptor de la luz se hizo un hábito inconsciente, y olvidarse de los trastos sucios después de cenar es algo común. ¡Qué patrañas dicen los horóscopos!, ¡Qué estúpida es la gente! Y el querer estar solo, en un escenario rodeado de gente. Obligado a estar con alguien más. La ropa sucia está en el suelo y recogerla se vuelve un martirio. ¿La recojo o no la recojo?, ¿dónde dejé mi abrigo?, ¿cuántos días faltan para ver al médico?, ¿mis píldoras dónde están? Bah.. Se mira en el espejo, se busca, se busca, se busca. ¿Dónde estoy?, ¿estoy vivo o soy sólo imaginación? El café sigue caliente, y ojalá nunca se enfríe. A pesar de los pensamintos múltiples, azarosos y pesadísimos que se forman. Ojalá nunca enfríe y la mañana no llegue a su final.