07 junio, 2014
Pensando.
Me parece justo que se escriba de lo cotidiano, es bonito embellecer cosas que vemos todos los días. Agregarles ese algo, esa chispa, ese polvo de luces que hace que las situaciones de todos los días sean especiales. Soy fiel a la idea de que lo bello no lo encontramos en distintos sitios, sino que lo encontramos cuando miramos con distintos ojos. Que bonito es ver un día nublado lleno de frío y viento. Y también ese sol abrasivo que me envuelve por completo con su calor, pero sin tener frío, y sin sentir agobio por lo caliente del sol. También hallar en las ramitas de los árboles hojas desconocidas que chocan con mi cabeza, mi cara, mi nariz y mis labios, los que sonríen. O tocar sus distintas cortezas y hallar desigualdades concretas en sus fisuras. Miré al cielo y vi nubes pintadas a mano, con cabellos de camello hechos pincel. Espátulas serían las artistas de las luces en los faroles de las esquinas, y el cielo azul, se veí azul y morado y rosado y naranjo a veces. Mientras la neblina de la noche se veía espesa y difusa en su andar, esperando al tiempo que exhalo un vaho de aliento por el frío esperando a que el tren siga su camino frente a mi. Pero no verlo, sentir el viento mientras doblo mi cuello. Que deliciosa sensación la de ver todo incierto. La de verlo todo a flor de piel pero no ver nada. Sentir la más mínima partícula de aire mover de un cabello a otro, rozar la punta de la nariz dejándola con un rubor rojizo, colapsar en la frente, bordear cada uno de mis dedos. Es infinito. Siempre es infinito. A pesar de que pase incontables veces, a pesar de que ya lo he vivido. Me parece justo escribir sobre las cosas cotidianas, embellecerlas, y sentirlas en su supuesto, bellas. Sentarme a beber café con un poco de helado y crema contigo y observar el espejo que es la gente. ¿Cómo nos veremos a sus ojos? La curiosidad aflora y no la puedo parar. La televisión habla de no se qué hecho noticioso y yo observo tu habilidad para succionar desde tres pajitas. Nunca lograste pasar mi récord de tetris, eres pura boca. O comer trufas de 150 pesos cada una, un robo, pero el sabor y la compañía, ideales. Sin necesitar de un abrazo te digo que te quiero. Y tú que haces locuras por verme reír, porque eres impulsivo y te metes al mar con pantalones y me dejas a mi la polera, diciéndote que yo voy detrás, pero no es así. Te has mojado solo. Esas cosas que son bonitas y se graban en piedra dentro mío, y que dentro de un frasco voy desenredando una y otra vez para encontrarle todos los sentidos. Los árboles y los animales, los más fieles amigos. Las letras, las más fieles confidentes. Y las personas, las más fieles compañeras de viaje.