05 mayo, 2014

Que desorden. Borbotones. Nada importante.

Me llevas, me traes, me vuelves a llevar
Casi puedo decir que gracias a ti puedo conseguir
lo que con tanto esfuerzo quise desarollar.

Y aquí, y allá,
y aunque fuera desolado tú me haces vibrar
La agonía no es enemiga, es amiga y
en cuerpo y alma se pone a cantar.

¿Cómo es que lo haces?
¿Cómo es que lo logras?
Traerme tus ojos en un ocaso y yo
verlos brillar, y brillar y apagar.

La ciudad está fría y
oscura es la noche en la que puedo leer
tus más sinceros placeres
desbordes, carcéles
Y además sin palabras o expresión quedarme.

Poniéndote en el mar, Sol, dejando tus líneas de luz cezar con parsomia.
Tímidamente pidiendo el turno de salida,
como si al cerrar un ojo de muchas pestañas requeriría.
Para barrer tristeza, para barrer agonía.
Para quedarte con el brillo,
y con la luz anaranjada que al fondo se veía.

Mar calmo de olas ligeras como plumas al caer.
Moviéndote en sintonía con tu compañero, viento.
Y pájaros a lo lejos que despiden el día y te hacen
arrojar suspiros. Y piedras. Y haces patitos.
"¿De qué carajos me río?" Del sonido del agua,
del tragar del Océano,
del Sol que se despide y las nubes arremolinadas en el cielo.
De las que fugazmente se ven, las estrellas.
Y los brillos, y brillos, y brillos de tus ojos.
Que se despiden,
dicen adiós con la mano, cerrándose uno y luego el otro.
Barriéndolo todo con pestañas finas.
Acomodándote para el sueño.
Y para dejar despierta tu segunda parte del cerebro,
La noche.
La Luna.