¿Te cuento una historia un poquito abusada?
Al Final, Veré Siempre Libélulas.
Mirada retrospectiva me piden,
como si para hacer poesía existieran reglas.
De cómo sentir las letras,
de cómo entablar intimidades con ellas.
Sin embargo, así es esto de aprender
y mis raíces plasmadas de manera ambigua escribiré.
Indefensa, de cara ovalada,
grande, gordita.
Yo nací a un mundo
que de amor desconocía,
de armas se licenciaba en la universidad
y en el que las luces no eran de las estrellas ni del sol.
Tiempo de juegos,
de rodillas rotas e inocencia.
Amigos que iban y venían
y la risa que era la mejor amiga.
Columpios, sube y bajas,
resbaladeras mojadas de lluvia.
Amando, sintiendo, riendo y al mismo tiempo
llorando. (Puerto Montt)
Nubes se agolpaban,
conflictos.
De inocencia a clarividencia como un guepardo.
Verdades se hacen ver y envenenan.
La soledad llega,
y yo no sé estar sola. (Separación)
Caminos de tierra,
a veces de pavimento. (Cambios de casa)
Alumbrado eléctrico que
me dan ganas de tocar. (Depresiones pre-adolescentes)
Y olvidarme de todo
y cerrar los ojos
es tal vez el mejor camino.
Pero,
no queriendo victimar, ni
dejar ver que todo fue
nada más que un mal sueño,
digo que todo conflicto
te convierte al final en cemento.
Más no frío,
tal vez cálido,
tal vez moldeable.
tal vez de color magenta. (Cambio de visiones)
Ver danzar nubes es hoy
mi prioridad.
Y amor
es mi forma de vivir.