Yo me encuentro así, y yo creo ser una bolita de algodón.
Que todo esto es diferente, sí, por favor.
Que tú eres un alma diferente, sí, gracias.
Anciano serás, melancólico también. Todo lo que tú prefieras. Todas las palabras que te plazcan para describir tu escencia dilas, exprésalas, que a mi me da igual. Yo de ti tengo impresiones sorpresivas, abundantes y que me producen ganas de acobijarte en un mar de tranquilidad imborrable. Porque por favor, tú podrás decir que estás mal, pero no cambies esa escencia que te hace ser un alma diferente. Un ente profundo, melancólico y pensativo. Abstraído, imaginativo, curioso, cariñoso y lleno de amor propio y al entorno. Porque es que eso es lo bonito, es precioso. Y si lo llegas a perder avísame, para ayudarte a reencontrarlo. Que de ti he aprendido silabarios de memoria, armonías llenas de tonalidades jamás antes usadas, escalas que no se conjugan entre sí pero que crean una pieza maestra de cultura humana...
Tal vez Mario y todas sus aventuras salgan de mi boca, o de mis letras en tinta, o de mis pensamientos enmadejados como hileras de ADN en mi cerebro. Pero esas historias no son más que un reflejo en un arroyo de lo que es tu imagen, de lo que aprendo de tu obvservación del mundo. De que eres tan liviano como una pluma, y que gracias a ello abrirme ante ti no daña..
Y no espero a leer muchos más cuentos para niños contigo en una biblioteca, e ilusionarnos al ver los diagramas e ilustraciones que éstos llevan impresos en tintas de diversos colores.
Y por qué no, también a vivir tomados algunas veces de la mano sobre veredas de asfalto o campos de dientes de león, ¿tal vez?
Espero no haya sonado repetido, porque tu carta no lo fue en absoluto.
Y quiero estar a la altura.