Estaba en la escuela, un día completamente normal. Hablaba con mi mejor amiga, Constanza.
Me reía de ella y de sus anécdotas. Así, sentadas en la banca del patio, charlando.
Sonó la campana, nos paramos dispuestas a entrar en la sala de clases y nos encaminamos a ella. Ya dentro, me senté en mi banco, junto a mi mejor amiga, y comenzamos a charlar otra vez.
Éramos inseparables. De pronto la profesora de matemática decide cambiarnos de puesto. Obedecemos, guardamos todo en nuestras mochilas y nos encaminamos hacia la pizarra para esperar todos en una fila. Espero mientras ella elige nuestros puestos. Es mi turno. Obedezco y me siento en un banco junto a la ventana, el antepenúltimo. De esa sala tan grande y calurosa. Espero. La profesora dispone a los demás alumnos hasta que toca el que se sentará a mi lado. Miro horrorizada. Él me mira a mí. ¡No puede ser él! No me desagrada, pero tampoco es que me agrade muy bien que digamos. Él lanza un bufido y una protesta hacia la docente, pero ésta no hace caso y él se sienta a regañadientes a mi lado. Bueno, peor no podría ser.
Pasan los días, tenemos cosas en común. Él me pregunta cosas sobre mí, me gusta Reik. Él empieza a escuchar esa música. Conversamos mas a menudo. Él me cuenta sobre su familia, yo trato de abrirme y contarle sobre mis experiencias. Trato de dejarlo entrar a mi mundo, con una dificultad increíble, pero con mucha fuerza en el querer hacerlo. Y se me olvida todo lo malo cuando hablo con él. Mis problemas se desvanecen y me siento tranquila, fluyo con naturalidad. Él hace bromas cada vez mas frecuentes, hace el ridículo, y me río. Me hace reír mucho.
Pasamos a la etapa de no sólo compartir puesto, sino también hablar en recreos. Se lo presento a Constanza, ella lo ve simpático y comenzamos así a frecuentar más a este nuevo conocido.
Ahora lo incluimos en grupos de trabajo. Tenemos entre los tres una amistad linda, con él no fuerte. Pero linda.
Empiezo a dejar más de lado a Constanza. Frecuento más los recreos sólo con él. Converso sólo con él. Me río sólo con él. Es agradable. Cálido. Chistoso. Siempre contento y dispuesto a ayudarte. A hacerme feliz.
Lo hiero. No lo incluyo en un grupo. No lo prefiero. Y lo hiero.
Pero se le olvida. Me perdona. Y aunque yo no se lo pida, él lo hace.
Le pregunto quién le gusta. No me dice y cambia de tema. Me cuenta que soñó conmigo. Yo quiero saber sobre el sueño. Insisto. No me quiere contar.
Somos un dueto fantástico. Cantamos al revés y al derecho todas las canciones de Reik. Nos encanta. Es mi mejor amigo.
Le pregunto otra vez de qué se trata el sueño. Me dice que no es tan importante. Que importa más quién le gusta. Yo prefiero saber el sueño. Él me dirá cuando esté preparado de quién está flechado. Pero no me dice. No abre la boca.
Leo Crepúsculo, saga del momento. Él lo lee también, y comentamos. Y yo llevo canciones, letras. Y cantamos siempre. Y él me escribe cosas, recuerdos. Y yo los guardo. Yo hago lo mismo. Para que me recuerde. Cosas de niños. Adolescentes.
Él me dice que se cambia de colegio. Yo le digo que lo extrañaré. Que no se vaya. Él dice que no lo puede evitar. Que sus padres lo quieren así. Que en este colegio tiene muchos problemas.
Último día de clases de séptimo básico. Estamos en la esquina del colegio. Llega mi mamá apurada y enojada. Me debo ir muy rápido. Me despido de beso de mis amigos. Uno a uno. Javiera. Constanza. Y por último Franco. Éste me pasa un papel. Me dice que lo lea cuando llegue a mi casa. Que sino me mata. Yo acepto apurada y lo guardo en el hueco de mi mano. Corro al auto, saludo a mi mamá de beso. Y digo adiós con la diestra.
Llego a mi casa y lo primero que hago es leerlo. Es una carta. Dice lo del sueño primero. Luego quién le gusta. La guardo para mí. Lo sospechaba. Pero yo no sentía nada.
Estamos en verano. Ya no lo veo. Él aveces, muy ocasionalmente, me viene a ver. Y es como si nada hubiera pasado. Reímos y jugamos. Pero casi nunca viene. Y yo nunca voy.
Octavo básico. Tengo nuevos amigos. Me río. Converso. Soy más sociable. Me acuerdo de él. Recordamos con Constanza. Era nuestro amigo. El mas tonto. El mejor.
Y lo extraño. Y lo hecho de menos. Y lo necesito.
Pero soy cobarde.
Hablamos más que nada por internet. Facebook. Msn. Muy poco. Pero algo. Aunque yo lo tenga siempre presente. En mi corazón.
Un día me dice que se muda. ¿Dónde? Le pregunto. Viña del Mar. El corazón me da un vuelco. El alma se me cae. Los ojos se me humedecen. ¿Qué? ¿Y nosotros? Te iré a ver. No puedo hacer nada. Y yo lo acepto. O trato de hacerlo.
Sigo sin verlo. Aunque sepa que se va. Porque soy torpe. Acabo de salir de una situación difícil y traumática.
Trato de superar esa situación en el pasar de los años. Seguimos en contacto, vía internet siempre. Muy poco, pero es mejor que nada. Ocasionalmente viene a verme a mi casa, dos, tres veces al año.
Me encuentro perdida, totalmente perdida en el mundo. Me quiebro, resbalo y me arrastro. Consigo plasmar en un pedazo de papel mis sentimientos hacia él. Fue en horario de clases. Tocan para recreo. Voy al baño y me llama él. ¿Conexión? Casualidad.
Me confundo, me confunde. No sé lo que pasa, no sé que me pasa. ¿Lo quiero? Si. Siempre lo querré. ¿Lo amo? Si. Siempre lo amaré a pesar de todo. ¿Cómo algo más que un simple amigo? No lo sé, y hasta el día de hoy no tengo la más mínima idea.
Solo de unas cuantas cosas estoy segura. Cuando lo pierdo no paro de llorar ninguna noche. Incluso de día. No sé quién soy y me pierdo dentro de mi.
Lo necesito, lo extraño, lo añoro y es que él es todo. Él es mi apoyo para seguir. Él es el que está dispuesto a estar conmigo siempre. Él es el que me acepta tal cual soy. Me comprende. Nunca me juzga. Le divierto, me divierte. A pesar de todo lo que hemos vivido, él me quiere. A pesar de haber crecido separados, no se pierde nada. Él es mi luz. Mi rayito de luz en el que pienso cuando pierdo el rumbo y me desoriento. Le quiero. Le amo.
Todo está raro el día de hoy. Intentamos ser valientes. Intentamos dar la siguiente bocanada de aire. Intentamos avanzar. Es dificultoso, es doloroso incluso. Pero yo no le quiero perder. Él para mi es para siempre. Siempre será, siempre existirá, siempre él. De eso es de lo único de lo que estoy realmente segura.
Es una certeza que su nombre se haya grabado en mi corazón. Y dejarlo salir nunca querré.
¿Cuándo empezará mi cuento de hadas?
13.03.04