(Borrador)
Campo abundante que ahonda en lo más céntrico de mi alma
Que veo refulgir con indicios de la luna lejana
Que mis retinas ven a lo lejos, a lo lejos
Serena, calma, difuminada y blanca.
Te veo danzar en los pastizales, Pistilo mío,
cual hoja a merced del viento te desenvuelves en un baile inocente
Con tu vestido blanco y los vuelos
que hondean, que irisan
junto con el impúdico viento
que deja entrever a pequeños pincelazos de óleo recién pintado
las astas volátiles unidas a tu ferviente cuerpo.
Ajeno, sereno, te contemplo y el
orgullo emerge de mis mejillas y tú me hechas un vistazo
Mínimo, ínfimo, diminuto
a través de tus pestañas introvertidas y reducidas.
Y tu sonrisa que fulgura, centellea, colorea.
Bulle con los pájaros hija mía.
Que mis pétalos te protejan de calamidad y que
tu polen cebe a los hombres y a las mujeres.
Que tus pasos y aleros enajenen a los
corrientes, comunes y obstruidos.
Yo te escolto detrás, tocando
leños y maderos con las manos.
Acompañando en sintónica percusión a tus saltos.