Aún recuerdo esos días de Córdoba. Días en los que el sol despertaba temprano en la mañana, muy fuerte y caluroso, pero gracias a tus persianas no podíamos sentirlo en la plena oscuridad de tu habitación. Despertábamos ambos dormidos en tu cama, no era grande, era más bien pequeña, pero cabíamos perfectamente. Generalmente yo estaba acomodada en tu pecho y te miraba al despertar primero que tú. Regaloneaba un poquito y te besaba para despertarte, o jugábamos un rato pero después te volvías a dormir. Siempre fuiste más dormilón que yo. No nos solíamos duchar, nos gustaba andar con pijama por tu departamento, y yo solía hacerme mi cereal con yogur y avena y preder el pc en el comedor para ver mis gameplays de sims mientras desayunaba. Tú llegabas al rato después, eso si no habías trasnochado la noche anterior. Solías trasnocharte menos, porque yo me acostaba temprano. Antes de conocerme eras un búho totalmente noturno. Me abrazabas y me dabas un besito en la mejilla. Te estirabas y te ibas a preparar tu café de todas las mañanas. Solíamos ver Dr. House todo el día cuando estábamos de vacaciones; juntos, en tu sofá. Hasta que daba la hora de comer y nos decidíamos a que lugar ir porque nos daba pereza cocinar. Generalmente tú te ofrecías ir a comprar si eran lomitos de berengena, pero últimamente nos gustaba mucho ir a comer la tarta de calabaza del patio de comidas del shopping. Nos vestíamos con cualquier cosa e íbamos a comer juntos. Siempre juntos. Algún que otro día tenías que hacer y yo también. Teníamos el mismo grupo de amigos, pero tú tenías otro grupo del cual yo no era parte. Así que a veces salías, salía yo o salíamos los dos. Cuando me quedaba sola solía estar en tu habitación y miraba muchos videos en tu pc, tenía la pantalla enorme. Recuerdo que me decías todos los días que practicara algo de piano porque se venía el parcial, pero con ese calor no me daban muchas ganas. Recuerdo que algunas veces peléabamos porque yo no comía o me negaba a comer y yo salía corriendo por la puerta del dedificio con las esperanzas de que quisieras seguirme. Pero eso nunca pasó. Me sentaba en un lugar verde, porque Córdoba no es verde, al menos no el centro. Por lo que tenía que caminar por lo menos cuarenta minutos para alcanzar tal lugar. Me ponía los audifonos a tope y cantaba lo que se me daba la gana. De verdad parecía una persona demente caminando a la orilla del río y cantando en voz alta canciones que nadie más podía esuchar. Él era todo lo que tenía en esa ciudad y en mi corazón. A él le confiaba mi vida y mi bienestar. Sabía que podía contar con él para todo y que me iba a cuidar hasta el fin de los tiempos. Me ponía muy triste cuando no podía estar con él o ir a su departamento. Cuando no nos podíamos ver. Pero yo podía ser yo misma, la yo misma de ese entonces, y era agradable, reconfortante saber que alguien me quería tanto. Que alguien me amaba y yo a él. Desde él no he amado a ningún otro hombre. Me es tan difícil hacerlo, tuvieron que pasar 3 años para que me diera cuenta.
Luego de esos días de Córdoba no fui la misma. Empecé a cambiar y a reencontrarme conmigo misma. Tengo bastantes respuestas que antes no tenía, muchas de ellas se las debo a él; más no las tengo todas. Me topo con gente que lo que más tiene son preguntas, bastante básicas diría yo, y yo tengo las respuestas, pero yo no soy de respuestas, yo soy de preguntas. Espero algún día conocer a una persona que me responda todas mis dudas otra vez, que no tenga que responderle tanto.