24 mayo, 2016
Alma rota
Hace mucho tiempo no escribo mis emociones. Sé lo que me pasa, pero no sé por qué. Sé que actúo como una niña y que me gusta que me consientan. Con caramelos, paseos, detalles bonitos, joyas pequeñas y caricias en el pelo y besos en la frente. Sé que esa niña reina mi alma en estos momentos. Sé que me gusta llorar a mares, hacer pucheros y pataletas y todo eso por la simpleza de la falta de cariño. Hago lo opuesto por conseguirlo, al igual que los niños de 3 años. Ya soy una adulta, pero atrapada en las lágrimas de un bebé. Soy esa niña que quiere que la mimen y la abracen mucho, y no sé muy bien la razón de ello. Esto me trae problemas, porque la gente no me suele entender. Esto da a entender a la gente que soy una malcriada, una regodeona y una malhumorada con la vida, que no me contento con nada. Pero lo único que estoy pidiendo con tales caprichos es un abrazo, un todo estará bien, un basta de llorar niña, esto va a pasar.. Pero con un beso en la mejilla.. Con un abrazo que me envuelva en calor y protección.. Con alguien que decida lo que es mejor para mi, sea correcto o errado, pero con convicción. No me gusta ver a la gente perdida, me da inseguridad, yo ya estoy bastante perdida y bastante insegura. Que me sienta así de débil y en un mundo de gigantes siendo yo ya gigante me parece algo extraordinario, fuera de lo común, no quiere decir que asombroso en el buen sentido. No sé.. Yo solo quiero cariño. Mucho tiempo en mi vida pensé que el cariño era inmerecido. Que llorar no estaba bien. Que debería sentir vergüenza por llorar por lo que me daba pena, lo que me daba rabia, lo que me hacía entorpecer. Ese sentir sigue dentro mío aún, pero a mismo tiempo sale a caudales por mis ojos por estar contenido tanto tiempo. Mi mamá desapareció un tiempo y no volvió más. Ya no podía echarme a sus brazos a llorar porque en el colegio me hubieran molestado, hablado mal de mi, o maltratado. Debía pasar por esas cosas yo sola, porque a ella le daba repugnancia verme llorar. Yo no podía llorar frente a ella. Yo simplemente no podía estar triste porque el "¡Ya poh hija!, otra vez la misma tontera. Deja de hacerte la víctima, ¡córtala pues!". Y yo no podía ser yo. Y mi yo lloraba mucho más que nunca. Porque lloraba por los maltratos en el colegio y por no tener una mamá tierna. Y lloraba por desamor y por la separación de mi corazón. Por la separación de mi alma en dos partes y de tener que repartirme. Por arrebatarme lo más bonito de la familia, el núcleo que nunca debe romperse porque hay amor. Pero el amor se esfumó. El amor se encegueció y se cubrió de polvo. Pasó a ser añejo y prohibido. Pasó a ser nada. En todos los aspectos posibles, aspecto mamá, aspecto papá, aspecto hermanos, aspecto amigos, aspecto yo. Se esfumó, cual polvo. Y yo sigo siendo esa niña que llora a caudales de agua clara, es inocencia, yo no busco culpables, solo quiero amor. Es lo único, es lo más importante, es lo que no puedo pedir, es lo que le falta a mi alma rota, sólo busco amor. Esa mano que viene de arriba y sujeta la mía en un camino seguro. Esa mano que me ayuda a cruzar la calle. Esos ojos que me escuchan y me abrazan con fuego. Esos abrazos de tranquila, yo te protejo de todo. Y romper a llorar de nuevo.