No hay que hablar de estrés ni de locura. No hay que hablar acerca de la desdicha ni tampoco la tristeza. No podemos quedarnos sumergidos en un tonel lleno de agua, que desborda a borbotones para caer en una cascada de sentidos sin control. Debemos ver los dientes caídos de los hermanitos y las sonrisas pícaras de las niñas al jugar a ser la mamá (en el juego de la mamá y el papá). A ser hadas, a ser spiderman, a ser-
Quise no comenzar con sentimientos encontrados ni emociones agolpadas. Quise desligarme del escrito que estoy escribiendo. Quise que fuera una historia ajena, experiencias que no he vivido yo, que se me han ocurrido, que he creado un personaje peculiar y entusiasta, que sus aventuras están llenas de polvo y de magia, pero no. Simplemente no puedo hacerlo, llevo demasiado tiempo sin escribir un párrafo de mis sentidos. Lamento dar la lata. Voy a quejarme, lo más probable.
Nací en un mundo que de armas se licenciaba en la universidad -creo que escribí, mas o menos. No quiero decir que ser individualista sea malo, pero llegar al punto de ser descortés, poco amable y considerado e irrespetuoso me parece fatal. No quiero sonar como una adolescente revolucionaria que quiere cambiar el mundo ni mucho menos, pero llego hasta el punto que no sé cuando deja de enfadarme y empieza a doler. Quizá lo encuentres exagerado, quizá te rías de mi y digas ¿Pero qué le pasa a esta niña sensibilona? Pues es eso, me pasa. Y me aburre que me traten de llorona. Y me aburre que eso esté mal visto por los demás. Y me aburre que el ser sensible sea sinónimo de debilidad. Con esto que escribo no quiero hacerme la víctima, en absoluto. Pero es eso lo que la gente no comprende. Cuando les dices que eres sensible se van a poner los ojos en blanco y dicen que dejes de llorar, que no todo se trata de ti. ¡Y qué si los sentimientos que tengo dentro en esa oportunidad me llenan tanto el pecho y los pulmones que el corazón me pesa y la única manera que me queda para aliviar ese peso es explotando en lágrimas! ¡Es sólo un medio, por la endemoniada mierda! ¡Una vía de escape! No quiero hacerte cambiar de parecer ni mucho menos cuando lloro, tampoco cuando te miro con ojos desolados, tampoco cuando me abrazo a mi misma, ¡tampoco cuando estoy tan llena de sensaciones y colores, y olores, e imágenes y canciones que no pueda hacer nada más que encerrarme en mi mundo y no responder a nada de lo que digas porque yo soy así y punto! ¡Por qué la raza humana debe ir tan rápido y olvidarse de lo que es sentir, de lo que es vivir de lo que es esperar al otro y sonreír juntos después! ¡De conocer nuevos mundos, nuevas expresiones y nuevas formas de amar! ¡Dónde quedó el diálogo!
Donde quedó la comprensión, la escucha y el tacto... El cariño. No, ni si quiera el cariño. La caricia. Esa caricia que apenas te toca la piel. Y a pesar de ello sabes que el otro te está entregando su mundo completo en esa caricia. ¡Por qué la necesidad de decirlo todo, de encuadrar todo, de darle nombre a todo, de definir todo, de etiquetarlo todo como si fuera una ley! ¿Y el sentir donde queda?
Me desbordé.
Escribiré historias bonitas después, espero.