12 septiembre, 2014

En Julio

Gravedad.
No quiero abrir los ojos mientras estoy en caída libre con el pecho dirigido hacia el césped incipiente de las colinas. Déjame sentir el viento erizar mi pel. Déjame oler el pasto mismo antes de mi nariz chocar y romper sus huesos. Quiero sangrar y fracturarme. Quiero que mis muñecas se desdoblen y que mi pecho rebote contra la colina. Que mi pelo nuble mis ojos en un segundo, y al final no ver nada al momento del último contacto de ellos con la superficie terrestre. Déjame sentir la atmósfera en mis dedos, déja que pase un mundo de ideas en el segundo último en que mis ojos divisan esa ramita de césped. Ahora encontrarme en silla de ruedas pedaleando sobre las mismas colinas. Todo es igual de azul y verde que antes, pero mi mente y mis ojos se nublan de cenizas grises que se ven por todas partes. Arden junto con un fuego neófito divisible de entre los escombros de la ciudad. Pedalear más, y más, y hay automóviles colisionados contra postes, ardiendo con llamas en el interior, y familias dentro deboradas por las capas de cenizas. Las tiendas desalojadas, las calles deshabitadas, las casas intactas. El que sobrevive está escondido en su refugio. Yo no necesito esconderme, yo pedaleo y observo todo tan atentamente que duele la vista y duele la mente. Pedaleo y pedaleo. De alguna manera quiero sentir eso, sentir la desolación del mundo y las cenizas brotando. La carencia de caricias y mis manos llenas al rededor de unas ruedas que ni son parte mia. Ajeno a todo como una cámara de video grabar minuciosamente todo. El cartel electrónico de cerveza colgando desde una punta hacia abajo en ese décimo tercer piso, titilando en ocaciones oyéndose su sonido eléctrico. También las puertas giratorias ahogadas en basural quemado, sin poder girar. Yo tampoco puedo girar. Escombros se apelotonan en mis ruedas y no puedo avanzar. Mis gafas cubiertas de ceniza intento limpiar con el dorso de mi camisa, sin embargo quedan aun mas manchadas de humo. Me las coloco de nuevo y observo el semáforo de la esquina titilar la luz amarilla. Siempre. Constante. Tic. Toc. Tic. Toc. Amarillo. Nada. Amarillo. Nada. Solitario. Como yo.
Ya veré llegar ese ómnibus a la estación. Podré levantarme de la silla de ruedas por milagro. Podré caminar y arrojar los anteojos a un lado. Podré abalanzarme sobre ti y ver el verde pasto brillar y las cenizas desaparecer de un chasquido. Ya vendrás. Ya pasará. ¿Es muy pronto?