01 julio, 2014

Ficciones de hace tiempo

Camina con los pies descalzos por la Tierra fértil y mojada. Se regocija del aire cálido y abrasivo que le invade por todo el cuerpo. Se alimenta de los nutrientes que le proporciona un ecosistema puro y complejo. Las abejas le visitan de vez en cuando para posarse sobre él. Él les sonríe y les agradece tal muestra de afecto haciendo ondular sus brazos al son de la brisa mañanera de primavera. Extiende sus pies lo más que puede en la Tierra y se alarga lo más que puede hacia un cándido Sol, que le proporciona Vida y Amor al mismo tiempo. Se pone a pensar en el efímero canto de los pájaros. Les traen recuerdos de cuando era tan sólo un capullo del color piel. Un día llegan seres invasores, ajenos a todo lo que él conocía del Campo. Se oye un sonido. Decodificándolo, escucha algo como esto:
-(…) nadie (…) sigan…

Luego escuchó el cantar de la Tierra que le llamaba la atención, diciéndole que ponga ojo avisor a los extraños caminantes que se estaban acercando. Ellos no eran como los Dos Patas que él conocía. A ellos les había visto muchas veces, pero Madre Tierra nunca le había advertido nada sobre estos otros. Los Dos Patas que conocía se parecían mucho a los monos, sólo que a éstos les gustaba llevar pieles de animales u hojas en sus cuerpos. A los nuevos los divisó a lo lejos. Eran tan brillantes que la vista dolía y, por ende, lo bonito de su Hogar se mimetizaba. 


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Estaba en el marco de la puerta, con mi mano puesta en el pomo. Me balanceaba en un pie para hacer el menor ruido posible. Mami siempre decía que debía estar callada, porque todas las cosas que pasaban en casa eran secretas. No es divertido guardar secretos. Cuando alguien me pregunta acerca de mis papis o su amor yo me tapo la boca con las dos manos y niego con la cabeza. Me da miedo mami. Ella a veces se pone loca, muy loca. Justo como esta noche. Bajé la escalera con las medias de dormir puestas para que no me oyeran, y aquí estoy en el marco de la puerta. Mami está con otro hombre de nuevo conversando en el estudio de papi. Éste último se encuentra en Lambo, un pueblo que necesita su ayuda. Él es doctor y ese pueblo sufrió una peste que requería de mucha ayuda de personas importantes como él. No lo veo hace 2 meses. Y el hombre que se encuentra con mami mira a través de la puerta. Yo me asusto y me escondo rápido, pero como soy pequeñita y está muy oscuro sé que no puede verme.


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Lo veía sentado en el borde de la ventana. Cabeza gacha, luz de luna contrastando su perfil. Tenía un libro en las manos, mas estaba cerrado y no alcanzaba a leer de qué título se trataba a la distancia que me encontraba. La cortina aterciopelada del color del marfil ocultaba mi desagradable figura. Él era un Conde, y yo un criado.
Se tocaba la cabeza con la punta de su dedo índice y pulgar, como si estuviera harto de algo, y por un momento me imaginé que ese algo fuera yo. ¿Habré barrido bien el tercer piso?, ¿iluminé de manera correcta la torre norte?, ¿el gato del Señor tuvo su leche fresca esta mañana?, ¿los caballos estaban limpios y ensillados para la fiesta de esta tarde?, ¿Encendí las velas?, ¿las apagué?, ¿lo hice?, ¿o no? Me va a descubrir me va a gritar por haberme entrometido y luego ¡zaz! me golpeará la cara… lloraré… correré a mi habitación, haré mi maleta, me robaré un caballo. No puedo vivir sin él. Más si no soy de su agrado lo único que puedo hacer es huir, cambiarme el nombre y empezar de cero. No tengo esposa ni hijos, ¿habré dicho que mi única atracción real era hacia el Señor? Él tenía esposa y tres gallardos retoños. La hija menor tenía tan solo tres meses y yo tal vez me la pudiera robar y hacer un escándalo… Haría correr carteles por todo el pueblo en su busca y al ver el Conde que yo la encontraba sería su favorito y me felicitaría… Me besaría en la mejilla… moriría feliz…